
Esto se debió a una combinación de reformas estructurales orientadas al mercado a principios de la década de los 90 y condiciones externas favorables que apoyaron el crecimiento económico. Además, una política monetaria y fiscal prudente contribuyeron a la estabilidad macroeconómica.
Sin embargo, los motores de este excepcional crecimiento están llegando a su límite debido al bajo crecimiento de la productividad en los últimos años, un insuficiente capital humano para atender las necesidades del sector empresarial, la ocurrencia de desastres relacionados con el cambio climático y distorsiones en mercados claves, incluyendo la asignación poco eficiente de exenciones fiscales.
La economía creció un 2.5 por ciento en 2003, y se espera un crecimiento de 5,1 por ciento para el 2024, impulsado por los efectos retardados de la flexibilización de la política monetaria y el aumento de la inversión pública. La tasa de pobreza de ingreso medio alto (US$6,85 PPA por día en moneda de 2017) se estima en 19 por ciento, por debajo del 20 por ciento observado en 2019, previo a la pandemia.