
Los edificios muestran señales de daños causados por ataques de misiles, dejando cráteres en el pavimento. Flechas en las fachadas de las casas indican la ubicación de los refugios antiaéreos más cercanos y los suministros de emergencia disponibles.
Las calles están vacías, con negocios cerrados y restaurantes en completo silencio.
Belgorod, una vez una ciudad tranquila situada aproximadamente a 40 kilómetros al norte de la frontera entre Rusia y Ucrania, ahora parece una ciudad fantasma. El silencio inquietante se ve interrumpido por el sonido regular de las sirenas de advertencia de misiles, un constante recordatorio de que la guerra en la vecina Ucrania está cada vez más próxima.
La obtención de información desde la región se complica debido a las restricciones impuestas a los medios y al control gubernamental sobre la libertad de prensa. Muchos residentes rusos tienen miedo de expresarse abiertamente por temor a represalias.
En este contexto, los habitantes de Belgorod han compartido con CNN su lucha para adaptarse a un futuro incierto en la ciudad, donde la vida cotidiana ha sido alterada de manera irreversible por la invasión a gran escala de Rusia a Ucrania, iniciada en febrero de 2022. Estas conversaciones se llevaron a cabo principalmente por teléfono y mensajes de audio.